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11 abril 2011 1 11 /04 /abril /2011 18:24

   Cuando tus cálidas manos,

acariciaron mi cara,

me dejaron el calor

de una persona amada.

 

   Tu sonrisa me atrae,

siempre que miro tu cara,

porque tienes unos ojos,

que son el amanecer

de una dulce mañana.

 

   Siento una dicha tan grande

cuando tus labios me ensalzan,

que me pongo a sonreír 

con el corazón y el alma.

 

   ¡Qué melódica es tu voz!

   ¡Qué juego en tus palabras!

   Combinadas con tus gestos,

   hacen de la vida gala.

 

   Guarda en la vista esa luz

que ilumina mi fachada,

donde conservo la dicha

que tu dulzura me guarda.

 

   Con todo garbo paseo,

por la senda del amor,

a ver si encuentro la dicha

que un día se me perdió.

 

   Busco la paz y sosiego

que conserve mi ilusión,

arrebatando prejuicios

que causan pena y dolor.

 

   En mi cabeza se anida

un fantasma soñador,

y lo engaño como puedo

con mi coraje y tesón,

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Fecha desconocida

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11 abril 2011 1 11 /04 /abril /2011 18:15

   Ya me voy querido Efrén,

no te aflijas, te lo pido,

que Dios querrá salga bien

de este pequeño inciso,

que el día diecinueve 

tengo que estar sometido.

 

   Cuando vuelva te diré,

todo aquello sucedido,

y aunque no tenga importancia,

no lo echaré en olvido.

 

   Voy alegre como a fiesta,

sin miedo, con mucho brío,

a ver si termino pronto

este suplicio vivido.

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Tudela, 1 al 8 de abril de 1989

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11 abril 2011 1 11 /04 /abril /2011 18:01

   Hoy que recibo tu escrito

de alabanzas plagado,

tengo que corresponder

por no causarte un agravio.

 

   Los versos que tú me escribes,

los veo muy enlazados,

unidos en sus rimas

por estar bien combinados.

 

   Me subes hasta las nubes

como si fuera un dotado,

pero si lo dices tú,

yo lo acepto con agrado.

 

   Creo que lo has hecho bien,

y te expresas como un sabio,

con fundamento y sentido

y a la vez remomerando.

 

   Me he reído bastante,

por tus hiperbólicos vocablos,

llenos de gracia y dulzura,

hechizos de amor "nietazo".

 

   Has progresado muchísimo

y serás un literato,

pero es preciso que aprendas,

primero el bachillerato.

 

   Recibe un abrazo fuerte,

que te lo envía tu yayo

y lo transmites a tus padres,

el sentir de tu "abuelazo".

 

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Tudela, 15 de noviembre de 1988


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8 febrero 2011 2 08 /02 /febrero /2011 21:19

Un año ya pasó

Que abandonásteis

Este mundo por el Más Allá.

 

Allí, descansando por fin,

Estais en el Cielo,

alejados del infierno terrenal.

 

¡Pero mis pensamientos siguen muy vivos,

Recordando y llorando por aquellos momentos

Que, con fortuna, tuve con vosotros el placer de compartir!

 

 

II.       MI ABUELITO

 

Contigo, abuelito, gocé de tus encantos poéticos,

Respirando tu tímido pero lindo romanticismo,

Donde florecía tu sonrisa y tu alegría

Y, alagando a la vida y al amor,

Me transmitías tu buen humor,

Cantando tus odiseas,

Con la Petenera, la burrica,

Con los dulces canarios,

Con tu Carmen querida,

Con aquellos paisajes,

En los que relatabas

Las experiencias de tu vida,

Deleitándote con tu pasado …

Y tu presente,

Homenajeando a tus seres queridos,

Regalándome con tus poemas,

Tus deleitosos y sabios versos

Que eran el mejor regalo para mí.

 

 

Tus paseos y nuestras conversaciones

Son tu mejor herencia para mi corazón,

Momentos fosilizados en el tiempo,

Que han marcado lo más profundo de mi ser.

 

Recuerdo tu devoción religiosa,

Tu amor a Dios,

Te hacía más humano,

A pesar de mi ausencia

En la casa del Señor,

Me supiste transmitir,

Tus valores de amor,

De respeto,

De justicia,

De honradez,

De entrega al trabajo,

De sensatez

Y de humildad.

 

Pero ahora, algo me falta,

Ese vacío que encierra mi alma,

Huérfano me siento,

Sin tu calor, sin tu aliento,

Lágrimas amargas que se derraman sin cesar,

De incomprensión familiar

Y solo en mi exilio forzado,

Sin el apoyo y cercanía de los seres queridos de toda la vida,

Sin su amor estoy condenado a vivir,

Y con mi tristeza me muero,

Lentamente en la oscuridad,

Devorado por la soledad,

Y rodeado de melancolía,

Sin felicidad,

Fuera de mi entorno social me encuentro,

Alejado de mi país, de mi gente, de mi amor.  

 

Reviviendo a menudo ese triste domingo de febrero;

Floreciste de tu letargo, abandonado y ya abatido

Por la ausencia evidente de tu amada,

Ahí te contemplé y derramé mis dolorosas lágrimas.

Te iluminaste emocionado al verme,

Momentos inolvidables vivimos,

Nos abrazamos y nos despedimos.

 

Y ahora sin ti, vivo con la tristeza y el dolor,

Causada por una lanza clavada violentamente en mí,

Por no haber estado allí

Para despedirme de ti.

Te tuviste que marchar de este mundo

Acompañado de los tuyos pero sin mí. 

 

 

III.       MI ABUELITA

 

Contigo, abuelita,

Recordaré tu genio,

Eufórico por cierto,

Pero también

Tu fresca espontaneidad

Y tu evidente claridad

En tus sentimientos.

 

Alegraste tu hogar,

Mimando y alabando a tus canarios,

A los que tanto querías,

Tanto como al abuelito

Acompañados por esos cantos

Vibrantes y emocionantes

Que tanta alegría os daban.

 

Gobernando el mando:

Ahí nos tenías,

Echaré de menos

Tu compañía.

 

En tus últimos tiempos

Eras como una niña,

Inocente y tranquila,

Con esos ojitos lindos y risueños,

Se despidieron bondadosos de mí

en unas tristes Navidades,

poco antes de partir

a ese Cielo tan soñado por ti;

Un lugar mágico para vivir.

 

El abuelito sintió tu ausencia

Y se unió a ti,

Para compartir en el Más Allá,

Tu amor y tu calor.

 

 

 

I.        A LOS DOS

 

Siempre os recordaré,

Con vuestra sencillez

Y vuestra humanidad.

 

Vuestra mejor herencia;

Vuestro querer,

Poco manifiesto en las formas;

Pero profundo en vuestro ser.

 

Allá en vuestro cielo,

Me enviais el valor para vivir,

para llorar tiernamente,

por vuestra ausencia.

 

Así me veis,

Aquí abajo estoy,

Aprendiendo a vivir en la prisión del infierno,

Castigado a vivir ahí,

Por quienes

Me negaron el derecho

A deciros “adiós,

Buen viaje al Paraíso.”

 

Siempre estareis vivos junto a mí,

Desde mi infancia, pasando por mi adolescencia,

Llegando a mi juventud y madurez

Habeis dado sentido a mi vida en vuestro cálido invierno,

Y ahora he de aprender a salir de las cadenas del horror

Y echar, junto a mi amor, el vuelo del ruiseñor.

Y así huir de las penas por vuestra ausencia

Causadas por la insensibilidad a quienes disteis la vida. 

Es difícil ver la luz del día más allá del final de este tenebroso túnel

lleno de vidas truncadas de desamor y de gran desolación.

 

Pero os prometo que lucharé para recuperar mi ilusión,

Reflotando mi graciosa ingenuidad, mi mejor encanto,

Reconstruyendo mi vida,

haciendo florecer mis prados,

Y reforestando mis bosques,

devolviendo a la vida

Mis ríos,

Mis mares,

La alegría de mis gentes,

Mis amigos que son mi única familia.

 

 

Efrén Beltrán Roncal

Montpelhièr, el 7 de febrero de 2011

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8 febrero 2011 2 08 /02 /febrero /2011 13:12

Foto de Carmen
Foto de Carmen, esposa del poeta
por efren

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8 febrero 2011 2 08 /02 /febrero /2011 13:06
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8 febrero 2011 2 08 /02 /febrero /2011 12:57

Foto identidad
Efrén Beltrán Roncal
Nieto de Ernesto Roncal Bonilla

Editor del blog 

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8 febrero 2011 2 08 /02 /febrero /2011 12:40

  Veintiocho de Junio,

víspera de San Pedro.

subido en el monte

y rodeado de pinos,

oteaba el Ebro.

 

  El cierzo soplaba,

su aire era fresco,

y se agradecía

dónde estaba inmerso.

 

  Yo bien divisaba,

la mejana en huertos,

y un hombre que araba

sin mulo ni estava,

ni timón de brezo.

 

  Otro que empalaba,

con palos de fresno,

el tomate joven

y después rizara

sus tarros rellenos,

de frutos colgantes

entre sus verguetos.

 

  Ya no se ven rosas,

sus flores murieron,

los árboles verdean,

ocultan los frutos

que ya colorean,

con todo su vello.

 

  El campo reluce,

todo es un compendio,

de enlazadas parras,

lechugas plantadas

y algún otro puerro.

 

  Se acerca el ocaso,

porque el sol se ha puesto,

se iba la gente

llena de misterio,

sería el cansancio

del trabajo previo.

 

  Miro al horizonte,

y un perro a lo lejos,

ladra sin cesar

 y yo no lo veo.

 

  Una bella tarde,

de paz y de ensueño,

me bajo del monte

por las escaleras,

cruzando senderos.

 

  Ya salto a la calle,

dejando caminos,

algunos zarzales,

plantas ortigales

que dañan el cuerpo.

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Tudela, 1984 

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5 octubre 2010 2 05 /10 /octubre /2010 12:16

   Adiós libro que un día

curaste mis aflicciones,

y me diste normativas

para vivir con ilusiones.

 

   Tu fuiste el mejor amigo,

en muchas divagaciones,

y me hiciste sonreir,

tratando de olvidar

las penas y decepciones.

 

   En ti hallé la nobleza,

aprendí muchas lecciones,

me revestí con elegancia

de palabras muy concisas,

en algunas ocasiones.

 

   Me diste paz y sosiego,

renunciando a los rencores,

pude desechar la codicia,

que trae males mayores.

 

   En ti encontré la alegría

sin gorjeos ni pasiones,

tomé de las experiencias

que tuvieron grandes hombres.

 

   Eché un cerrojo al pasado

como indican los cánones,

no guardar resentimientos

y olvidando los rencores.

 

   ¡Ojalá! que esto prosiga

en mis hijos estas costumbres,

que propago sin dominio

mis pequeñas convicciones.

 

   Muchas fueron las personas

que ayudé sin condiciones,

a combatir sus tristezas

sin el libro de oraciones.

 

   Unos me dieron las gracias,

otros ni salutaciones,

pero sí, puedo afirmar

que sembré satisfacciones

a las personas que buscaron,

las ansias de curaciones.

 

   Lee, pues, con afición

las sugerencias que vienen

y verás como es verdad

todo lo que el libro pone.

 

   Si yo tengo la dicha,

con la aficcion que tú tienes

de aprender lo que es la vida

de insidias y vejaciones,

me daré por satisfecho

de mi insinuación en ciernes.

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Tudela, 25 de enero de 1990 

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5 octubre 2010 2 05 /10 /octubre /2010 12:05

   La primavera ha llegado

con muy pocas alegrías,

porque el tiempo se ha olvidado

de concedernos las lluvias.

 

   Los campos se ven áridos,

los trigos no resucitan,

ni pueden reverdecer

para crear las espigas.

 

   La hierba que ya no crece,

ni en ribazos, ni en las orillas,

se retrae al desarrollo

para brotar las semillas.

 

   Las flores que en otros tiempos

asomaban presumidas,

hoy se ven tan atrofiadas

que su color no perfila.

 

   Los ríos no llevan agua,

las acequias consumidas,

las plantas al no regarse

morirán con agonía.

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Tudela, 30 de marzo de 1990

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