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5 octubre 2010 2 05 /10 /octubre /2010 12:16

   Adiós libro que un día

curaste mis aflicciones,

y me diste normativas

para vivir con ilusiones.

 

   Tu fuiste el mejor amigo,

en muchas divagaciones,

y me hiciste sonreir,

tratando de olvidar

las penas y decepciones.

 

   En ti hallé la nobleza,

aprendí muchas lecciones,

me revestí con elegancia

de palabras muy concisas,

en algunas ocasiones.

 

   Me diste paz y sosiego,

renunciando a los rencores,

pude desechar la codicia,

que trae males mayores.

 

   En ti encontré la alegría

sin gorjeos ni pasiones,

tomé de las experiencias

que tuvieron grandes hombres.

 

   Eché un cerrojo al pasado

como indican los cánones,

no guardar resentimientos

y olvidando los rencores.

 

   ¡Ojalá! que esto prosiga

en mis hijos estas costumbres,

que propago sin dominio

mis pequeñas convicciones.

 

   Muchas fueron las personas

que ayudé sin condiciones,

a combatir sus tristezas

sin el libro de oraciones.

 

   Unos me dieron las gracias,

otros ni salutaciones,

pero sí, puedo afirmar

que sembré satisfacciones

a las personas que buscaron,

las ansias de curaciones.

 

   Lee, pues, con afición

las sugerencias que vienen

y verás como es verdad

todo lo que el libro pone.

 

   Si yo tengo la dicha,

con la aficcion que tú tienes

de aprender lo que es la vida

de insidias y vejaciones,

me daré por satisfecho

de mi insinuación en ciernes.

 

 

Ernesto Roncal Bonilla

Tudela, 25 de enero de 1990 

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